J A escritor

“The mere attempt to examine my own confusion would consume volumes.”

James Agee

  • Permit Me Voyage (Poesía), 1934
  • The Morning Watch (novela corta), 1951
  • A death in the family (Una muerte en la familia) NY, McDowell, Obolensky, 1957
  • Agee on film [Drawings by Tomi Ungerer] (Escritos sobre cine) NY, McDowell, Obolensky 1958-60
  • Let us now praise famous men; three tenant families (Elogiemos ahora a hombres famosos) James Agee y Walker Evans. Boston, Houghton Mifflin, 1960
  • Letters of James Agee to Father Flye NY, G. Braziller, 1962
  • The collected short prose of James Agee [Edited and with a memoir by Robert Fitzgerald] Boston, Houghton Mifflin, 1968
  • “It is a peculiar part of the good photographer’s adventure to know where luck is most likely to lie in the stream, to hook it, and to bring it in without unfair play and without too much subduing it.”

    James Agee

    Performed Oct. 19, 2001 by Tara Guthrie, soprano, and Justin Sturz, piano. The text for this song is taken from a poem by James Agee titled “Description of Elysium.”


    “Sure On This Shining Night”

    Music: Samuel Barber

    Text: James Agee

    Composed c. 1938

    Published by G. Schirmer Performed by Thomas Hampson & John Browning

    “Sure on this shining night

    Of starmade shadows round,

    Kindness must watch for me

    This side the ground.

    The late year lies down the north.

    All is healed, all is health.

    High summer holds the earth.

    Hearts all whole.

    Sure on this shining night

    I weep for wonder wand’ring far alone

    Of shadows on the stars”.

    [Escuchar esta canción]

    Una muerte en la familia

    James Agee

    Alianza editorial, 2007

    La angustia infantil y el drama del adulto, unidos en la más conmovedora historia familiar. A veces, el niño sufre la misma tragedia del adulto. A veces, el adulto padece los terrores del padre.
    Con fuerte carga autobiográfica esta novela se publicó póstumamente en 1957 obteniendo al año siguiente el Premio Pulitzer. El enorme éxito que alcanzó, hizo que Tad Mosel efectuase de ella una adaptación teatral que a su vez obtuvo también el premio Pulitzer. Su versión cinematográfica, cuyo título original es All the way home, fue producida por David Susskind, dirigida por Alex Segal e interpretada por Jean Simmons y Robert Preston.

    Todo era bueno y mejor de lo que podría haber esperado, mejor de lo que jamás había merecido; era sólo que, fuera lo que fuese, y por muy bueno que fuese, no era lo que una vez habías sido, y habías perdido, y ya nunca podrías recuperar, y de vez en cuando, cada mucho tiempo, recordabas, y sabías qué lejos estabas, y te golpeaba lo suficiente, ese pequeño instante que duraba, como para romperte el corazón.

    Una muerte en la familia

    “No quiero referirme ahora a los juegos con que se divertían los niños por la tarde, sino a un ambiente contemporáneo que tenía poco que ver con ellos: el de los padres de familia, cada uno en su jardín, con la camisa que se les decoloraba a la luz artificial y el rostro gris, regando las plantas. Las mangueras estaban fijadas a grifos que salían de los cimientos de ladrillo de las casas. Las lanzas de las mangueras eran de muy diversas formas; pero, generalmente, lanzaban un bonito chorro de espuma. La lanza yacía mojada en la mano que la sostenía, y había gotas de agua en el antebrazo derecho y el agua trazaba un cono largo y estrecho, curvado, produciendo un grato sonido. Al principio, el ruido de la lanza era violento; luego irregular, de ajuste, y después íbase suavizando hasta convertirse en un tono constante y perfectamente acordado con el volumen y el estilo del chorro, como un violín. ¡Cuántos tonos de sonido salen de una manguera! ¡Cuántas diferencias corales en aquellas mangueras que estaban al alcance del oído! Fuera de cada manguera, el silencio casi absoluto de la suelta, y el suave y corto arco de las gotas grandes desprendidas, silente como el aliento contenido, y el único ruido el grato son en las hojas y el césped al caer sobre ellos cada una de aquellas grandes gotas. Eso y el fuerte silbo con el impetuoso chorro; eso, y aquella impetuosidad haciéndose, no menor, sino más apacible y dulce al ser movida la lanza, hasta aquel murmullo extremadamente tierno cuando el agua no era más que una campana lejana que daba un toque para anunciar que podía romperse el silencio.”

    Una muerte en la familia

    [Leer Prefacio completo]

    Escritos sobre cine

    James Agee

    Editorial: Paidós

    Serie: La memoria del cine

    ISBN: 844930959X

    Prólogo a la edición castellana, Ángel Quintana

    1. Criticar como amateur

    2. Juzgar las imágenes de la guerra
    3. La guerra, un trueno lejano
    4. Tradición y compromiso en Europa
    5. Retrato de dos cineastas

    Las críticas que el escritor y guionista James Agee publicó en el periódico de izquierdas The Nation desde noviembre de 1941 hasta septiembre de 1948 representaron, junto con los textos de Manny Farber, el nacimiento de la crítica cinematográfica norteamericana. Agee acababa de editar, junto con el fotógrafo Walker Evans, Elogiemos ahora a hombres famosos, uno de los libros básicos para entender no sólo la gran depresión, sino también la literatura que generó. Pero lo cierto es que sus textos sobre cine anunciaron tanto una determinada visión del tema, que cuestionaba la retórica artística en beneficio de la inmediatez, como el testimonio lúcido y reflexivo de un espectador que observó críticamente las ficciones y documentales que Hollywood construyó durante la segunda guerra mundial y la posguerra.

    Una vez finalizada su actividad en The Nation, Agee continuó escribiendo sobre cine en algunos ensayos publicados en las revistas Life y Sight and Sound, los cuales, junto a su colaboración para Time, también se incluyen en esta selección. Todo ello demuestra que el cine no fue para Agee una simple pasión que rentabilizó durante un período de su vida, como mero trabajo de encargo, sino que llegó a adquirir una importancia fundamental como parte integrante de su obra.

    Actualmente, nadie duda en considerar los artículos periodísticos sobre cine de Agee como uno de los ejes fundamentales de su actividad literaria.

    “Sospecho que estoy, más cerca o más lejos, en la misma situación que tú: profundamente interesado en el cine, considerablemente entrenado desde niño en ver películas y en pensar en ellas y en hablar de ellas, y totalmente, o casi totalmente sin experiencia, ni siquiera un conocimiento de segunda mano, de cómo se hacen las películas. Si estoy más o menos acertado en tal presunción, empezamos al mismo nivel y con los mismos inconvenientes, y califico para estar aquí, si es por algo, solamente por dos cosas. Es asunto mío llevar un extremo de la conversación como crítico amateur entre críticos también amateurs. Y seré de alguna utilidad y de algún interés en la medida en que mi juicio amateur sea sensato, estimulante o iluminador”

    Escritos sobre cine

    Agee On Film

    [Drawings by Tomi Ungerer]

    NY, McDowell, Obolensky 1958-60

    Elogiemos ahora a hombres famosos

    James Agee y Walker Evans

    Seix Barral, 1993

    Colección: Biblioteca breve

    464 págs.

    ISBN: 8432206911

    Aparecido originariamente en 1941, sin ningún éxito de público, Elogiemos ahora a hombres famosos se ha convertido gradualmente, desde sus reediciones en 1960 y 1969, en una leyenda y un libro básico en la cultura americana, que ha contado entre sus lectores más entusiastas a figuras tan dispares como William Carlos Williams, Juan Benet o Bill Clinton.

    Originariamente, la obra nace de un encargo periodístico del Gobierno Federal que, entre julio y agosto de 1936, llevó al escritor Agee y al fotógrafo Evans a efectuar un trabajo sobre las condiciones de vida de tres familias de campesinos algodoneros de Alabama. El libro está dividido en tres partes. La primera sitúa los límites y circunstancias del relato y presenta a los personajes y su entorno: es un tramo narrativo que recuerda el tono épico de Herman Melville en Moby Dick, pese a la diferencia de escenarios. En la segunda parte, acaso la más insólita y fascinante, se lleva a cabo una disección objetiva de las casas, la ropa, la comida, los utensilios, los animales, la forma de vida de los personajes. En la tercera parte, nuevamente narrativa, la escritura de Agee, vencido ya cierto pudor inicial de forastero, se atreve a encararse directamente con los seres humanos, a veces uno por uno, a veces como grupo, hasta llegar al análisis de la familia campesina. Nuevamente hallamos aquí el acento de Melville, y mucho del más genuino lirismo americano que aparece en Thoreau o en Walt Whitman; al propio tiempo, el libro, en cuanto experiencia literaria extrema, se emparenta también estrechamente con la obra coetánea de Faulkner.

    “En una novela, una casa o una personalidad deben su significado, su existencia, exclusivamente al escritor. Aquí, una casa o una persona solo tiene su significado más limitado a través de mí: su verdadero significado es mucho más vasto. Es porque existe, vive realmente, como usted y yo, y como no puede existir ningún personaje de la imaginación. Su gran peso, misterio y dignidad residen en este hecho. En cuanto a mí, solo puedo contar en ella lo que vi, con la exactitud de que soy capaz en mis términos: y esto a su vez tiene su categoría principal, no en cualquier capacidad mía, sino en el hecho de que yo también existo, no como obra de ficción, sino como un ser humano. Debido a su peso inconmensurable en la existencia real, y debido al mío, cada palabra que digo de ella tiene inevitablemente una especie de inmediatez, una especie de significado, en absoluto necesariamente ‘superior’ al de la imaginación, sino de una clase tan diferente, que una obra de la imaginación (por muy intensamente que la extraiga de la Vida) solo puede como máximo imitar débilmente una mínima parte de ella.”

    Elogiemos ahora hombres famosos

    Letters of James Agee to Father Flye

    NY, G. Braziller, 1962


    “A writer first and foremost -a born, sovereign prince of the English language- James Agee was also a prodigal and unself-preserving man, who imparted his extraordinary gifts to many forms, from verse to novels, film scripts to book reviews, friendship to marriage; who at thirty-two published a 450-page prose lyric called Let Us Now Praise Famous Men which is at the same time one of the most vulnerable perversities and surest glories of American literature; and who, at forty-five, died leaving a new novel on his desk, a film script in progress, commitals as a man and a poet on every side.”

    “I see lots of people [in Southern California] and like most of them. Compared with most of the intellectual literary acquaintances I avoid in New York, they are mostly very warmhearted, outgoing, kind, happy, and unpretentous– the nicest kind of company I can imagine, except at home with best friends. I have particularly been seeing a great of Chaplin and his wife. Very interesting (to put it mildly) to see what a man of real genius — which I am convinced he has — is really like. Few if any mysteries or surprises about that. A very active, self-taught, interesting, likeable man: a blend of conflict in him of sensitiveness and tenderness wioth icy coldness, which sometimes disturbs me and would I think put you off. Perfectly unpretentious. The “genius” is a mixture off these things with tremendous self-discipline and *technical mastery* [emphasis mine] and hard work, with incadescent feeling and intuitiveness, when he is working. The roots are emotion and intuitiveness; the chief necessity is discipline.”

    “I see lots of people [in Southern California] and like most of them. Compared with most of the intellectual literary acquaintances I avoid in New York, they are mostly very warmhearted, outgoing, kind, happy, and unpretentous– the nicest kind of company I can imagine, except at home with best friends. I have particularly been seeing a great of Chaplin and his wife. Very interesting (to put it mildly) to see what a man of real genius — which I am convinced he has — is really like. Few if any mysteries or surprises about that. A very active, self-taught, interesting, likeable man: a blend of conflict in him of sensitiveness and tenderness wioth icy coldness, which sometimes disturbs me and would I think put you off. Perfectly unpretentious. The “genius” is a mixture off these things with tremendous self-discipline and *technical mastery* [emphasis mine] and hard work, with incadescent feeling and intuitiveness, when he is working. The roots are emotion and intuitiveness; the chief necessity is discipline.”

    Extracto de la introducción a la primera edición de Letters of James Agee to Father Flye por Robert Phelps

    The collected short prose of James Agee

    [Edited and with a memoir by Robert Fitzgerald] Boston, Houghton Mifflin, 1968

    [leer “A Mother Tale”]